(Publicado en Cuadernos de Pedagogía el 19 de octubre de 2021)
20 de octubre de 2021
Pedagogías cipotudas
15 de septiembre de 2021
Prospectiva sin certezas y contornos educativos
Conferencia en la Semana UNIPE Virtual 2021
8 de septiembre de 2021
1 de septiembre de 2021
11 de junio de 2021
25 de mayo de 2021
Competencias disciplinadas
(Publicado en Cuadernos de Pedagogía el 25 de mayo de 2021)
Educar por competencias supone asumir que el educando no es un contenedor configurable por adición de enseñanzas y que los equipos docentes no son una suma de docentes unidimensionales que solo piensan y actúan desde sus respectivas especialidades. Poner las competencias en el centro de la educación supone apostar por currículos más abiertos y menos rígidos, más permeables y menos cosificados, más vivos y menos forenses, más atractivos y menos casposos, más mundanos y menos académicos, más reales y menos estandarizados. En suma, más relevantes y menos tediosos.
El discurso de las competencias promueve la posibilidad (y comporta la necesidad) de transformar las condiciones en que se desarrollan las actividades educativas en los centros escolares. Y de hacerlo superando la rigidez en la organización de los tiempos lectivos (diarios, semanales y anuales) y la insularidad de unas aulas concebidas como espacios clónicos en los que domina la disposición frontal, ortogonal, lineal, individualizadora y vigilante. Unos entornos escolares que han aislado a los docentes y han dejado a los discentes a merced de la univocidad de experiencias sucesivas como única forma posible de aprendizaje.
Pero el discurso de las competencias supone también un cambio radical en las formas de evaluar y ahí se encuentra la verdadera clave de bóveda (y cuello de botella) de su implantación efectiva.
11 de marzo de 2021
Abolición
(Publicado en Cuadernos de Pedagogía el 10 de marzo de 2021)
El examen convive mal con cualquier otra actividad. Se apropia del tiempo del recreo, roba parte de la clase siguiente y secuestra la atención del alumnado si hay alguno previsto en otra asignatura. Su poder es tal que se convierte en coartada para faltar a clase y es lo único que se mantiene cuando hay huelga. De modo que hasta el propio currículo se ve damnificado por la proliferación de exámenes en el currículo. Tan solo las clases particulares parecen salir beneficiadas de la primacía absoluta del examen como referente evaluador.
El examen también goza de buena salud en el ámbito universitario. Así que no es extraño que la selectividad, la PAU y la EVAU (o EBAU) hayan perfeccionado la exactitud cuantificadora dejando atrás la pregnancia del 10 y afanándose por ordenar con tres decimales las cercanías del 14, ese nuevo número mágico que cada año se convierte en el sueño (o la pesadilla) de tantos bachilleres. Sin duda, los últimos libros de Marina Garcés (Escuela de aprendices), César Rendueles (Contra la igualdad de oportunidades) o Michael Sandel (La tiranía del mérito) ayudarían a comprender mejor las implicaciones de todo esto en relación con el elitismo meritocrático, pero quizá no sean lecturas habituales entre rectores, vicerrectores y responsables educativos.
20 de diciembre de 2020
6 de noviembre de 2020
Sensatez en tiempos pandémicos
Pero, ¿qué haríamos sin los libros de texto, sin los exámenes y sin las notas numéricas? Pues justamente eso: hacernos esa pregunta y tener que responderla. Y hacerlo poniendo al centro en el centro, sin el amparo de las taifas disciplinares ni de los tecnicismos burocráticos. Es verdad que para ello se necesitarían otras culturas docentes. Pero también es cierto que para cambiar las culturas profesionales lo que se necesita es precisamente terminar con esas rutinas tan confortables para los docentes menos reflexivos y tan poco útiles para los ciudadanos que se jubilarán en el último cuarto de este siglo (esos que están ahora en nuestras aulas). Sin embargo, es difícil imaginar una reforma normativa que se atreva a plantear unos cambios tan simples y tan radicales. Pero lo que quizá no consiga una ley orgánica es posible que lo logre este virus inesperado.
El Real Decreto-ley 31/2020 de 29 de septiembre por el que se adoptan medidas urgentes en el ámbito de la educación no universitaria, convalidado por el Congreso el pasado 15 de octubre, no prohíbe los libros de texto ni los exámenes, pero el coronavirus está haciendo que aquellos parezcan papel mojado en estos tiempos pandémicos y estos resulten bastante ridículos en contextos semipresenciales o confinados. Por su parte, sin prescindir de ellas, ese Real Decreto-ley ha removido las notas numéricas de su lugar como clave de bóveda de ese edificio asignaturesco que ha sido hasta ahora nuestro sistema educativo.
19 de octubre de 2020
La religión, el bachillerato y el Supremo
¿Qué
pensaría usted si para acceder a estudios universitarios de gran
demanda en su país se tuvieran en cuenta las calificaciones obtenidas en
una materia confesional cuyo currículo es determinado por autoridades
religiosas que son también las encargadas de designar a quienes la
enseñan? ¿Qué pensaría usted si más de un 10 % de la calificación media
del bachillerato pudiera depender de tales enseñanzas?
Seguramente
pensaría que toda la parafernalia meritocrática que caracteriza a ese
rito de paso que llamamos EvBAU (con sus notas de corte de tres
decimales y con sus exámenes masivos en tiempos pandémicos) no deja de
ser hasta cierto punto un simulacro si para entrar en el grado de
Medicina o en los dobles grados más demandados puede resultar más recomendable cursar la materia de religión
en bachillerato que esforzarse por arañar unas décimas en la dichosa
prueba.
¿Y qué pensaría usted si en su país la materia de
Religión no hubiera existido nunca en 2º de bachillerato ni en el COU
(ni siquiera en la época anterior a los Acuerdos entre el Estado Español y la Santa Sede)
pero deba existir en el curso 2020-2021 porque el Tribunal Supremo ha
obligado a las Comunidades Autónomas a incluirla en sus currículos?
Seguramente
no se creería que algo así haya podido suceder porque, aunque sepa que
su país es bastante menos laico que Francia, nunca habría pensado que en
la tercera década del siglo XXI las enseñanzas de religión tendrán más
valor para entrar en la universidad española del que tenían antes de
1978. Antes de que se aprobara la Constitución y antes de que se
firmaran los Acuerdos entre el Estado Español y la Santa Sede que
supuestamente obligan ahora (pero no en los cuarenta años anteriores) a
incluir las enseñanzas de religión en el último curso del bachillerato.
24 de septiembre de 2020
"Online"
(Publicado en Escuela el 22 de septiembre de 2020)
En estos tiempos pandémicos hasta el nombre del temible virus resulta un buen ejemplo de la infección anglófila que padecemos. Diciendo COVID muchos creen estar siendo más precisos que si dijeran coronavirus. Y no son pocos los que insisten, muy puntillosos, en que se debe decir la COVID sin reparar en que a veces no se quiere aludir a la enfermedad sino al virus y que, en todo caso, los artículos en inglés no tienen género. Por tanto, habríamos ganado mucho en precisión y claridad si en vez de importar aquel acrónimo llamáramos ECOVI a la enfermedad del coronavirus, un término bastante más oportuno para un hispanohablante que tener que llamar disease a lo que nadie desea.
El fenómeno anglovírico es reciente y creciente y, de hecho, está teniendo efectos nocivos en nuestra cultura científica (y también en la cultura sin adjetivar). Muchos hablantes de español saben que el SIDA es el síndrome de inmunodeficiencia adquirida y que su causa es el virus de inmunodeficiencia humana, el VIH. Pero si el virus y la enfermedad hubieran aparecido ahora sería menos probable que lo supieran porque seguramente no usaríamos esas siglas sino que estaríamos hablando siempre de AIDS y de HIV sin saber muy bien a qué se refieren. Eso es lo que nos está sucediendo con los dichosos PCR de los que muchos piensan que su primera letra tiene algo que ver con una prueba en la que se mete un tubito flexible por la nariz. Y así nuestros bachilleres de ciencias tienen más difícil saber que esas tres letras se refieren a la reacción en cadena de la polimerasa, algo que resultaría más intuitivo si en lugar de PCR dijéramos RCP (por cierto, para hablar de esas pruebas los ingleses no suelen decir PCR sino PCR test o COVID test).
14 de septiembre de 2020
Contenedores: 7 nuevos materiales en torno al coronavirus
Tras más de diez años publicando decenas de propuestas didácticas en cada uno de esos contenedores, en este 2020 me parecía necesario diseñar una serie de materiales en torno al coronavirus desde los siete ámbitos temáticos que articulan este proyecto.
10 de septiembre de 2020
¿Entornos digitales sin contornos educativos?
(Publicado en Revista Iberoamericana de Docentes el 8 de septiembre de 2020)
Pero no son sutilezas semánticas lo que pretende evocar el título de este texto al acompañar esos sustantivos con adjetivos como digital y educativo. Más bien se pretende plantear el interrogante de si tiene sentido suponer que los entornos digitales son usables de igual modo en diferentes contextos y si, con el advenimiento de aquellos, se puede obviar la existencia y naturaleza propia de los contornos educativos. Se trata de advertir, por tanto, frente al fetichismo de algunas tecnologías virtuales que, por ser menos tangibles, pueden resultar más propicias para el ocultamiento de determinados valores. Así que será bueno comenzar por preguntarnos qué caracteriza a los entornos y a los contornos educativos
La respuesta no es fácil pero, aun a riesgo de simplificar, podríamos señalar dos características fundamentales: la primera referida al entorno relacional de lo educativo y la segunda a su contorno topológico.
24 de julio de 2020
Cortar por lo sano
Sin duda el desafío no tiene una respuesta fácil. Ni única. Y estaría bien que todos partiéramos de este hecho para, mejor que reclamar duramente a otros, adoptáramos actitudes más constructivas y colaborativas. En este sentido, ayudan poco quienes demandan decisiones rápidas que consistirían principalmente en la contratación de muchos profesores sin tener en cuenta que las ratios por docentes no son más importantes que las ratios por espacios y de momento nadie está proponiendo un aumento radical (vía albañilería intensiva y estival) de la capacidad de nuestros edificios escolares.
La solución, por tanto, no puede ser única ni puede venir solo desde las administraciones. Las características propias de cada edificio escolar, el número de etapas y líneas que alberga, la diversidad de sus enseñanzas y el contexto en el que se sitúa hacen que no tengan sentido las soluciones de talla única. Ni tampoco las de talla escalable. Por eso es tan importante que, más allá de la definición genérica de los tres escenarios prospectivos que cabe suponer (actividades presenciales, actividades a distancia y actividades de carácter híbrido), tanto desde las administraciones como desde los propios centros se demuestre mucha flexibilidad, imaginación y responsabilidad en la forma de preparar esos tres escenarios que, por lo demás, tampoco deben ser concebidos como estancos.
10 de julio de 2020
Sadismo macro, meso y micro
En un momento de la escena alguien acusa al hombre de las gafas en la frente de estar disfrutando con su acción. Sadismo impune y en directo. Si quien está matando al hombre negro y quien lo protege no fueran policías la escena no se habría prolongado durante más de diez minutos. Con seguridad alguien la habría interrumpido mucho antes. Quizá la propia gente que gritaba o quizá un policía al que habría avisado cualquier ciudadano para que detuviera al agresor.
Esa terrible muestra de sadismo micro tuvo una gran resonancia macro y ha abierto una nueva etapa de rebelión cívica contra ese racismo profundo que quizá sea la seña de identidad más diferencial de los Estados Unidos de América.
30 de junio de 2020
Fin de curso
4 de junio de 2020
¿Deben ser (más) obligatorias las matemáticas?
Aquellos planteamientos encendidos vuelven ahora con la tramitación parlamentaria de una nueva ley que parece renunciar a ese grado de precisión prescriptiva dejando esos aspectos para los desarrollos reglamentarios, lo que permitiría cambiar asignaturas sin necesidad de modificar de nuevo la ley orgánica. Pero esa flexibilidad no parece agradar a los que estaban muy contentos con la forma en que la LOMCE había dejado atado y bien atado este tema.
22 de mayo de 2020
EvBAU sólida
Se dice EvAU en unos sitios y EBAU en otros pero es la misma cosa: algo tan consolidado que, incluso en las circunstancias actuales, no se cuestiona que deba realizarse. Y es que, si el examen parece ser el estado sólido de la materia educativa, la EvBAU representa su cristalización más depurada.
En España se ha suspendido la Semana Santa, los toros y hasta la liga de fútbol, pero sobre la conveniencia de mantener la EvBAU apenas hay debate. De hecho, cuando nadie había oído hablar todavía de fases ni de desescaladas, ya se había confirmado que se haría y se habían fijado las fechas.
Antes se llamaba Selectividad, un nombre áspero que
aún se sigue usando. Después fue la PAU, siglas mas amables que revelaban que
su principal función no era seleccionar sino ordenar el acceso a los estudios
universitarios. Pero hace unos años un ministro que no se fiaba de los docentes
diseñó una ley orgánica en la que el bachillerato no quedaba acreditado hasta
superar una prueba externa sobre todas sus asignaturas. Aquella ley sigue
vigente pero lo previsto sobre este tema pareció tan aberrante que en 2016 se
aprobó un parche con forma de Real Decreto-Ley para dejarlo en suspenso hasta
que se alcanzara un Pacto de Estado, Social y Político por la Educación (así
figura en el texto). Ese es el origen de la actual EvBAU, una prueba (que no
evaluación, como indica su acrónimo) que resiste inmutable la llegada de un
virus capaz de cambiarlo todo menos a ella. Porque la selectividad, la EvBAU o
como se la quiera llamar, es lo más sólido de nuestro sistema educativo. De
hecho, es la causa (o la excusa) de algo tan absurdo como que segundo de bachillerato termine y se evalúe cada año entre cinco y siete semanas antes de
que finalice el curso escolar.30 de abril de 2020
Normalidad a secas
Entrevista con Jesús Vélez realizada el 21 de abril de 2020.
15 de abril de 2020
Aprobado general
Es el tabú del momento. Según algunos, España no debería cometer el error de Italia. Podemos avanzar o no en las materias. Considerar el trabajo escolar realizado hasta marzo o también el del confinamiento doméstico. Estar todo el día en Teams o trabajar con Moodle. Llenar los redes de videos de profesores que cantan desde sus casas o de familias que se quejan por los deberes... Todo eso puede ser. Pero lo que, según algunos, no nos podemos permitir es que todos pasen de curso. Esa es la letanía: que nada justifica (ni siquiera ahora) que se dé un aprobado general.

