“Una plaza abierta a todos los hombres y mujeres del mundo, un lugar para la educación, la cultura y la paz”. Así definió Óscar Niemeyer, ese genial arquitecto que acaba de cumplir 104 años, su maravilloso regalo para Asturias. Mucho antes de que esa plaza estuviera construida frente a la ría de Avilés, el Centro Niemeyer iba haciendo realidad esos propósitos con actividades en las que -damos fe de ello- la cultura ha estado siempre vinculada con la educación. La paz la presuponíamos todos al vivir en una sociedad democrática que comparte la voluntad de que el futuro sea mejor que el pasado y que asume que los afanes por construirlo juntos deben ser siempre más intensos que nuestras posibles discrepancias.
Más de un millón de ciudadanos han disfrutado durante estos meses de esa plaza abierta al mundo. Pero no el presidente de nuestro gobierno regional ni el consejero de cultura. Ellos no han querido acercarse a conocer el Centro Niemeyer ni asistir a ninguno de los eventos culturales que han tenido lugar en él. En sus acciones no han buscado la consolidación y multiplicación de sus innegables éxitos. Más bien se han dedicado durante este tiempo a cuestionar la honorabilidad de los profesionales que los han hecho posibles y a desbaratar un sueño que se había hecho realidad desde la pasada primavera.