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9 de octubre de 2012

104 educadores por el Centro Niemeyer

(Publicado -abreviado- en El País el 20-12-2011)

“Una plaza abierta a todos los hombres y mujeres del mundo, un lugar para la educación, la cultura y la paz”. Así definió Óscar Niemeyer, ese genial arquitecto que acaba de cumplir 104 años, su maravilloso regalo para Asturias. Mucho antes de que esa plaza estuviera construida frente a la ría de Avilés, el Centro Niemeyer iba haciendo realidad esos propósitos con actividades en las que -damos fe de ello- la cultura ha estado siempre vinculada con la educación. La paz la presuponíamos todos al vivir en una sociedad democrática que comparte la voluntad de que el futuro sea mejor que el pasado y que asume que los afanes por construirlo juntos deben ser siempre más intensos que nuestras posibles discrepancias.

Más de un millón de ciudadanos han disfrutado durante estos meses de esa plaza abierta al mundo. Pero no el presidente de nuestro gobierno regional ni el consejero de cultura. Ellos no han querido acercarse a conocer el Centro Niemeyer ni asistir a ninguno de los eventos culturales que han tenido lugar en él. En sus acciones no han buscado la consolidación y multiplicación de sus innegables éxitos. Más bien se han dedicado durante este tiempo a cuestionar la honorabilidad de los profesionales que los han hecho posibles y a desbaratar un sueño que se había hecho realidad desde la pasada primavera.

4 de octubre de 2012

¿Igualar por abajo o definir nuevas metas educativas?

(Publicado en El País  el 06/03/2010)

Se cumplen ahora diez años de los últimos traspasos de competencias educativas, veinte de la aprobación de la Logse y cuarenta de la Ley General de Educación. Los primeros alumnos de la EGB están a punto de alcanzar los cincuenta años de edad mientras que los primeros de la ESO hace tiempo que superaron los treinta. Son las primeras generaciones de españoles en las que empieza a ser real el sueño de una sociedad plenamente escolarizada y con unos niveles crecientes de formación. Las mejores décadas de la historia moderna de España han sido también las mejores de su historia educativa.

Sin embargo, en los últimos tiempos la educación ha dejado de ser vista como la solución a nuestros problemas para ser considerada ella misma como un importante problema político y social. El éxito cotidiano de la mayoría de nuestros niños y jóvenes en las aulas, y de sus profesores con ellos, es obviado y su reconocimiento sustituido por un bombardeo de pesimismo que pone el foco de atención en las noticias sobre los fracasos de los alumnos, las dificultades de la profesión docente y los problemas de las instituciones escolares. Con la naturalización del fracaso educativo de determinados niños y jóvenes se ha puesto en el centro de la agenda política la idea de que una educación común y prolongada para todos los ciudadanos es un proyecto fallido y que es mejor promover cuanto antes la separación de los itinerarios formativos.