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11 de enero de 2015

Entrevista en el Congreso Iberoamericano de Ciencia, Innovación, Tecnología y Educación

(Entrevista con Martín Granovsky para CLACSO tv)



Entrevista realizada el 14 de noviembre de 2014 en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires en el marco del Congreso Iberoamericano de Ciencia, Innovación, Tecnología y Educación. (Iberciencia)

10 de enero de 2015

El futuro de las lenguas

(Miradas de la ciencia y la educación hacia el 2021)


Intervención el 13 de noviembre de 2014 en la Sala Jorge Luis Borges de la Biblioteca Nacional de Buenos Aires en el marco del Congreso Iberoamericano de Ciencia, Tecnología, Innovación y Educación.

31 de octubre de 2014

Los contenedores del cambio

(Publicado en Escuela el 23 de octubre de 2014)
 
El texto al que alude esta entrada no lo he escrito yo. Es de Lorena Nosti, la periodista que ha hecho el reportaje. Su contenido me atañe bastante, por eso lo incluyo en este blog. Se trata de un proyecto en el que vengo trabajando desde 2009: la Comunidad Iberoamericana de Educadores para la Cultura Científica de Iberciencia. El espacio web que alberga los materiales didácticos de los que se habla en el reportaje es Contenedores (el enlace está también en la columna de la derecha de todos mis blogs). Hasta ahora son ya 375 los materiales que he diseñado para ese proyecto y que están disponibles en ese interesante espacio virtual. Es un trabajo del que me siento especialmente orgulloso. Por eso quiero compartirlo aquí.

20 de mayo de 2014

Contenedores

(Publicado en Escuela el 8 de mayo de 2014)
 
Sean los pilares de la educación de los que hablaba Delors, las capacidades, las competencias clave o las competencias básicas, parece claro que todavía hay cierta distancia entre lo que suponen esos fines de la educación y el currículo real que se desarrolla en muchas aulas. Aquellos proyectan hacia el futuro lo que se debería aprender. En estas perviven muchas inercias del pasado sobre lo que se debe enseñar. Lo peor de esa distancia es que la reflexión teórica y las propuestas prácticas están asimétricamente repartidas. En el reino de los fines hay mucha fundamentación pero pocas orientaciones para pasar del deber ser al ser. En el reino de las prácticas las urgencias de lo inmediato tienden a postergar la reflexión sobre su sentido.

Un ejemplo de la inconmensurabilidad entre esos dos reinos son las actuaciones que se derivan de las evaluaciones internacionales. Aunque son pruebas pensadas para valorar el grado de desarrollo de competencias generales, se suelen interpretar como diagnóstico del dominio de contenidos disciplinares. Por eso algunos creen que más horas de matemáticas y más horas de lengua son la solución a un problema que realmente no se ha entendido bien. Por mucho que algunas se adjetiven como instrumentales, las asignaturas escolares no fueron diseñadas para promover esas metas educativas. Así que ahondar en la disciplina de las disciplinas no parece el mejor medio para alcanzar esos fines.

Una organización escolar que fragmenta el currículo, una definición predominantemente conceptual del mismo y una evaluación siempre individual y por asignaturas hacen del escolar un terreno abonado para que los libros de texto y los exámenes sean los dispositivos que realmente definen lo que se enseña y se valora. Pero eso no tiene mucho que ver con el desarrollo efectivo de esas capacidades más generales.

21 de febrero de 2013

Comunidad de Educadores para la Cultura Científica

(Publicado en Escuela el 21 de febrero de 2013)
 
¿Cómo se aprende la ciencia? Con bastante dificultad. ¿A quién le interesa? A unos pocos. La tentación de responder así es grande. De hecho, muchos alumnos perciben de ese modo las matemáticas, la física o la química, disciplinas que parecen solo aptas para los más capaces y los más tenaces.

La bata (del investigador de laboratorio) y la bota (del investigador de campo) pueblan muchos sueños infantiles sobre el futuro profesional. Pero cuando en el camino se cruza el álgebra, la cinemática o la tabla periódica, esos sueños se desvanecen para muchos alumnos que acaban optando no por lo que querrían estudiar sino por lo que no les queda más remedio que elegir. Y es que la dificultad de esas materias está tan naturalizada como la idea de que sus contenidos son refractarios a la relevancia social, sus competencias ajenas a la creatividad y sus controversias distantes de lo axiológico.

9 de noviembre de 2012

Recuerdos del futuro

(Publicado en Escuela el 8 de noviembre de 2012)
 
Así tituló Erich von Däniken un libro que tuvo cierto éxito en los años setenta. De esa obra alucinada seguramente solo son rescatables dos cosas: que hablara de lugares tan fascinantes como Nazca y el propio título. Recuerdos del futuro era entonces un oxímoron tan incomprensible como evocador, pero el paso del tiempo lo ha convertido en una expresión reveladora.

Quienes nacimos lo suficientemente lejos del año 2000 como para llegar a él en la edad adulta sabemos lo que significa tener recuerdos del futuro. En la memoria de nuestra infancia y adolescencia  hay imágenes sobre cómo esperábamos que fuera el mundo tras ese año. Aunque Stanley Kubrick situaba en el 2001 su pesadilla sobre la autonomía de la técnica y la amenaza nuclear hacía dudar de si la humanidad alcanzaría siquiera esa fecha, en general teníamos grandes esperanzas sobre el porvenir. En un tiempo en el que tantas dictaduras militares hablaban español era fácil imaginar que en el año 2000 el mundo podría ser mejor.

4 de octubre de 2012

¿Igualar por abajo o definir nuevas metas educativas?

(Publicado en El País  el 06/03/2010)

Se cumplen ahora diez años de los últimos traspasos de competencias educativas, veinte de la aprobación de la Logse y cuarenta de la Ley General de Educación. Los primeros alumnos de la EGB están a punto de alcanzar los cincuenta años de edad mientras que los primeros de la ESO hace tiempo que superaron los treinta. Son las primeras generaciones de españoles en las que empieza a ser real el sueño de una sociedad plenamente escolarizada y con unos niveles crecientes de formación. Las mejores décadas de la historia moderna de España han sido también las mejores de su historia educativa.

Sin embargo, en los últimos tiempos la educación ha dejado de ser vista como la solución a nuestros problemas para ser considerada ella misma como un importante problema político y social. El éxito cotidiano de la mayoría de nuestros niños y jóvenes en las aulas, y de sus profesores con ellos, es obviado y su reconocimiento sustituido por un bombardeo de pesimismo que pone el foco de atención en las noticias sobre los fracasos de los alumnos, las dificultades de la profesión docente y los problemas de las instituciones escolares. Con la naturalización del fracaso educativo de determinados niños y jóvenes se ha puesto en el centro de la agenda política la idea de que una educación común y prolongada para todos los ciudadanos es un proyecto fallido y que es mejor promover cuanto antes la separación de los itinerarios formativos.